CRUCES, LAPIDAS Y MÁS CRUCES

Allá queda el mundo de los apetitos, cuando se llega a donde todo sobra Ya no están los cementerios de muertos bien rellenos. La tecnología hace de nosotros pura ceniza y como tal…, volátil.. Nos espera el aire de cualquier rumoroso eucaliptal, el inmenso y proceloso mar, o engarzados en alguna pieza de fina bisutería al uso del mundillo de la pudiencia.

FLORES, REZOS Y MÁS FLORES

Los Camposantos pierden visitantes, sean fijos o de paso, pero ellos no fallan.. Ellos son los portadores de medallas, cadenas, anillos, oro puro y duro, ostentación en si misma. Egiptanos venidos de oriente como los Reyes Magos que su aspecto delata, sin saber exactamente de donde, como los Reyes Magos. Ellos si que mantienen las tradiciones como lo harán esos niños de color avellana que aprenden de sus mayores en las escuelas que le va marcando la vida. En las escuelas de panteones de colorines, de retratos y velas floreadas, hachones de metro y pico, de pura algarabía. Quien sabe si futuros portadores de automóviles tuneados y ensordecedora bulla interior marcando salsa, flamenco o simplemente… ¡caña!.

Etnia de férrea identidad, de arraigadas costumbres mantenidas celosamente. Expulsados tantas veces como rechazados. Desahuciados, odiados o admirados, artistas muchas veces y nómadas desde siempre.

Poco o nada integrados. Su propio Rey y reino; los payos otro. Quien sabe si esos ojos de miel se tornaran en ojos de hiel.

Ellos no fallan, son así y seguirán festejando, celebrando, honrando a sus muertos. Es la cultura del todonegro, faldalarga y pañoleta. Curiosa cultura venida de lejos; de India o las Indias que por su lejanía pierde importancia. Culturas que sin escuelas, malo y con ellas, se mejora.