Enfajados en taleguillas, atados los machos, envoltura de capote y demás liturgias centenarias. Tendidos, gradas y barreras que hierven. Siete mil y pico de almas (algunos en pena), expectantes. Bullicio y ruido.  Peñas Arriba, color en la plaza, Glamur por la parte de abajo que es más cara y aspersores trabajando. Por fin clarines y tambores, bendiciones para todos y que Dios reconozca a los suyos. Recitan letanías "Auxilium Christianorum", comienza el paseíllo y no para la música, pero de verdad es que no para.

Polvo, sudor y hierro

Polvo del albero, recuerdo de Castilla, sudor de todos, hierro de estoques, verduguillos, picas desnudas y arpones floreados. Derroche de responsabilidad y miedo al torrente de seiscientos kilos que se avecina. Situaciones que por cotidianas no dejan de suscitar el mismo terror a las cinco de la tarde de cualquier día a las siete de la tarde

Los Maestros ya no pasan por Capilla, se la montan en el hotel ante una panorámica de estampas de colorines a cuál más protectora. Derroche de imaginería que nunca es suficiente para tanto revolcón, un Oficio con sus Vísperas y Completas no estaría de más.

Me vienen a la memoria: Enrique Ponce que no está en las fotos pero está en nuestros corazones, que siempre está portentoso. Sobre José Tomás ¡Qué les voy a decir! la Ilíada y Odisea en una sola sesión. Épico el estoico ese, de los que se parte la cara. Recuerdos para Esplá, y a Ese, el del penacho blanco, ese fumador empedernido que nos cambió la vida en una faena gloriosa, a ese mi más profundo agradecimiento. Acerca de Morante de la Puebla nos llama su estética, su profundidad y su enorme personalidad acrecentada en plazas de mayor responsabilidad. La algarabía de las bancadas provinciales desbarata el ánimo de los Maestros. Yo lo resuelvo aplicando mucha televisión.

 

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