JUANITO EL FANTASMA

Claro que esta historia es un poco novelada y posiblemente cuando mi madre, en esas noches insomnes, arrodillada a mi lado, me sacaba los miedos desmitificando esos seres terroríficos que tanto vimos con sus sabanas blancas

Juanito el Fantasma estaba deprimido pues ya no asustaba, ya no era fantasmagórico. Su estado depresivo le había llevado a tal abandono, que su blanca sabana que lo debe ser por definición, tiraba a un blanco roto muy poco vistoso.

De todos es sabido que los fantasmas habitan en casas antiguas, aisladas y si es posible de piedra. El boom inmobiliario acabó con ellas y las pocas que quedan de ese estilo están ahítas de semejantes espectros. Juanito, vagaba desesperadamente buscando un lugar donde poder ejercer y cada día que pasaba, su esperanza se iba desvaneciendo. No tenía mucho carácter y cuando intentaba hospedarse siempre era expulsado con malos modos que él, por su trasnochada educación, soportaba estoicamente.

Decidió entonces buscar en zonas más modernas y por fin, después de mucho deambular, se instaló en el éter de un ático de una moderna casa contigua a unas vetustas edificaciones en piedra no derribables de sabores castrenses que le ofrecían una gran seguridad. Un día afortunado, su primer día de trabajo, el niño o niña que allí habitaba (los fantasmas desconocen el sexo y sus propiedades), a través del espejo de la entrada vio a Juanito y se asustó. En aquel momento Juanito tuvo un sentimiento contradictorio, se llevó una gran alegría por asustar que era su razón de ser, y cierta desazón por atemorizar a un niñ@ que era un ángel de nueve años a punto de su primera Comunión. Después de ese importante acontecimiento y durante muchos años siguieron manteniendo esa relación cariño/susto. La niña reconocía que espantarse hacía feliz a Juanito y por el gran cariño que le tenía, forzaba la situación con grandes aspavientos - ¡por Dios, que susto! -Decía con voz deliberadamente desgarrada.

Era aquella muy buena casa de buena gente. Tenían una gata de nombre incierto que aprendió a decir amén, o algo así, cuando sus padres todos los días, siempre antes de dormir, rezaban con la criatura a su vera, las oraciones que todos los buenos padres rezan por y con sus hijos. A veces su padre no lo hace porque se queda dormido debido a una baja presión sanguínea que le afecta principalmente en la zona que media entre las rodillas y las caderas, la llaman popularmente bajo vientre. La lentitud en el paso del preciado flujo, le causa tantos estragos, que le produce un adormecimiento general que le inhibe en los quehaceres hogareños y demás obligaciones conyugales. Su esposa muy comprensiva, entiende el problema y le dice muchas veces “deja que lo hago yo” y él le hace caso.        

Juanito en aquella casa era muy feliz, pasaba los días acariciando los sueños de la niña como solo saben hacer los fantasmas benignos y ¡Era tan bueno!, que empezó a sufrir una particular metamorfosis, empezó a desarrollar unas alas mas blancas que su ropaje. Y pasado el tiempo, cuando cumplió con su pequeño purgatorio por una pequeña falta cometida, fue ascendido y llegó a ser el Angel de la Guarda que siempre velaría por aquella niña.