A través del formulario que se facilita en “Contactar” una vez registrado, si lo desean, pueden comunicarse conmigo indicándoles de antemano que me pongo a disposición de aquellos interesados en su genealogía personal, rogando a aquellos que lo hagan profesionalmente, se abstengan. Es fundamental facilitar datos conocidos referidos a padres, abuelos, bisabuelos, años, lugares y cualquier otro dato por poco importante que parezca.  En el Archivo Histórico Provincial de Pontevedra, se pueden consultar protocolos cuya antigüedad sea superior a 100 años, ello supone tres o cuatro generaciones que el interesado debería conocer por ser evidentemente cercanas. En cuanto a una búsqueda genealógica general, la información que se facilite puede ser absolutamente necesaria para enlazar personas y determinar parentescos.

Esta página, abierta a cualquier sugerencia, consejo, aportación o colaboración, recoge con exclusividad, datos genealógicos obtenidos en los diferentes  Archivos de Pontevedra (Archivo Histórico Provincial, Archivo de la Diputación Provincial y Museo Provincial).

A lo largo de estos últimos años, se han recopilado cerca de setenta mil registros, la mayoría testamentos que abarcan el ámbito geográfico de las Rías Baixas. En el apartado de Búsquedas sección Apellidos, se relacionan alfabéticamente, aquellos de los que se dispone información genealógica que compartiré con sumo gusto si la información facilitada por ustedes, los que se  hubieren registrado, pudiera vincularse.

Los testamentos, poderes, foros, censos, ventas y demás contratos, ciertamente otorgan mayor probidad genealógica, muy distantes de aquellas publicaciones o relatos más o menos fantásticos que en muchas ocasiones distorsionan la veracidad de nuestras búsquedas.

Quien comienza a interesarse por esta materia, descubre casi de inmediato que hasta el año 1870, la asignación y orden de los apellidos no sigue ningún criterio comparable con el que hoy nos rige. La certeza en la indagación acerca de nuestros ancestros, de pertenencia a un linaje o familia en concreto, se certifica en gran medida mediante las escrituras notariales.

La Ley de Registro Civil de 17 de junio de 1870, en su artículo 48, establece que todos los españoles deberíamos ser inscritos con nuestro nombre y los apellidos paterno y materno por ese orden. Esta fórmula de raíz muy española se ratificó jurídicamente con la nueva redacción de la Ley de Registro Civil de 8 de Junio de 1957.  A partir de este momento se facilitan ostensiblemente nuestras pesquisas. Nuestros ancestros, han de llevar ordenadamente el apellido paterno y materno. Hoy ha cambiado.

Con anterioridad a la citada Ley existe un amplio recorrido en la evolución de los apellidos, que nacen como la necesidad de distinción entre unos y otros en torno a una sociedad que empieza a expandirse. Sé desea ser conocido y reconocido, por orgullo o pura necesidad social. No siempre dependía de como una persona se llamaba a sí misma, sino de cómo la llamaban o reconocía la sociedad.

Dejando atrás fórmulas Romanas, Germánicas y otras varias influencias, era el apellido usado en la antigüedad, para unir las huestes en un lugar determinado, llamar a las mesnadas, y estas, agruparse bajo algún estandarte en que figurarían los signos heráldicos identificativos.

Los apellidos españoles, como los de otros países europeos, comenzaron a ser utilizados a partir de los siglos XI y XII, siendo a mediados del s. XII cuando se empiezan a nominar los grandes señores de Castilla y León, firmando documentos en que siguiendo a su nombre, el patronímico y el nombre del lugar cuyo gobierno ejercen. Surgen los nombres de  linajes que se va implantando en la alta sociedad medieval en la segunda mitad del siglo XIII. El crecimiento de la vanidad nobiliaria en los siglos XVI y XVII, fueron causa de una mayor uniformidad de los linajes.

El caos en términos genealógicos existente en España durante la Edad Media, ha puesto a prueba la paciencia de los historiadores y genealogistas. Resultaba enormemente dificultoso. Identificar debidamente a los protagonistas de una determinada historia y establecer su genealogía con veracidad. Esta anarquía se extendió a familias de rancia abolengo y demás estratos sociales.

Recordemos los innumerables pleitos en que se aportaban variedad de testigos que decían conocer, que conocían la identidad del litigante, subrayando repetidamente su legitimidad por derivar de sus padres y estos de los suyos con igual legitimidad. Los innumerables litigios por posesiones de tierra, obtención de Hidalguía etc. , son una buena fuente genealógica. Los testamentos, un documento imprescindible.